Para 1878, Charles Lewis Tiffany, fundador de la firma joyera, había adquirido un diamante encontrado un año antes en la mina Kimberley en Sudáfrica. Para entonces, la piedra preciosa contaba con 287 quilates, sin embargo, al ser enviada a París, para ser supervisada y trabajada por el gemólogo George Frederick Kunz, su tamaño se redujo a 128 y 82 facetas, consiguiendo así, una pieza perfecta que, desde entonces, es referente de la maison.
En adelante y luego de ser nombrado Tiffany Diamond, fue reconocido como uno de los más grandes y finos diamantes amarillos; asimismo es un ejemplar perfecto del trabajo artesanal y de la atención a los detalles que la casa emplea en cada pieza.
Cerca de un centenario después, para la década de 1960, el diamante en cuestión…
