Después de siete horas y media de camino desde la CDMX, pasando por Guadalajara, Gallinas, Atenguillo y varios poblados más, por fin llegamos al pueblo mágico de Mascota. Un sitio tan único como bonito, donde las calles siguen siendo del mismo empedrado que eran en 1525 y la población no rebasa las 8,500 personas, y eso es decir mucho, ya que el día que arribamos parecía un pueblo fantasma, pero con el pasar de los días, la gente iba saliendo de sus casas, algunas incluso de adobe y muy pintorescas, con colores vivos que resaltaban entre las construcciones antiguas. Al llegar a nuestro destino, lo primero que hicimos fue subir a conocer las pistas para la carrera, sin siquiera hacer escala en el hotel para desempacar. Era obvio que el…