Un verano pasado entre sombrilla y playa, cervezas a pie de chiringuito —quizás más de las debidas— y cenas entre amigos —y amigos de mis amigos— suman, al final, muchas horas hablando de F1, fútbol, política y, cómo no, de coches, especialmente de eléctricos. Y si algo me va quedando cada vez más claro, además de que este tipo de vida te cambia rápidamente el físico, es que el mundo está dividido en dos... tres, mejor dicho si, por simplificar, metemos en el mismo saco a quienes adquieren y usan un eléctrico como herramienta —coches, digamos, como el MG 4—, los que creen no tener infraestructura para tener un vehículo de este tipo en casa o, sencillamente, los que ven al coche eléctrico como una lavadora —aunque muchos no sean…