Los automóviles modernos disponen de dirección y frenos electrificados, por lo que, de forma automática, pueden corregir su trayectoria ellos solos o llevar a cabo deceleraciones puntuales sin necesidad de accionar los pedales. Primera conclusión: se pueden evitar más de accidentes, lo que supone un alivio para todos. Segunda: mediante cámaras, ultrasonidos, radares, etc., la tecnología también es capaz de detectar objetos que el conductor quizás haya pasado por alto. Pero también hemos hallado errores (especialmente, con mal tiempo). Por eso, nadie debería fiarse al 100% de su coche, por muy buenas que sean las asistencias que monte. No obstante, casi todas, en última instancia, ayudan a evitar accidentes o a mitigar sus consecuencias. Por eso, toda tecnología es bienvenida siempre que sea concebida 'sólo' como un apoyo a la…
