Empieza el baile de un año electoralmente hiperactivo. Nada más estrenar la primavera, cuando Andalucía huele a azahar y brotan las flores moradas del árbol de Judas, del amor o de la primavera (con todos estos nombres se lo conoce), los andaluces dejarán las Vírgenes y los Cristos de Semana Santa engalanados y empezarán este festival de votos en que se va a convertir 2015. Cuando los pasos regresen a sus hermandades ya lo harán con otro gobierno autonómico, a lo mejor con la misma presidenta, pero en cualquier caso distinto. El 24 de mayo, mientras centenares de novias acaban de unirse al que, al menos ahora, es el hombre de su vida, y otras esperan nerviosas ese día, tendrán que decidir quiénes van a gobernar sus regiones y sus…
