A starté, Isis, Isthar, Inanna, Hathor, Ninhursag, Nut, Maat, Deméter, Hera, Gaia, Ceres, Cibeles o la mismísima Virgen María. Nombres completamente diferentes que representan, sin embargo, la misma herencia divina: la de la Diosa Madre, el primer culto del que tenemos evidencia desde la Prehistoria. Aunque nos pueda chirriar la existencia de una Gran Diosa, frente a la tradicional masculinidad divina a la que estamos acostumbrados, la arqueología habla por sí sola a este respecto. De la misma manera que la ciudad de Troya fue considerada un mito durante tantos y tantos años, hasta que fue descubierta en el año 1871, el culto a la Diosa Madre existió y ha dejado rastros que nos demuestran que era venerada y respetada por todos.
SOCIEDADES IGUALITARIAS
Como nos indica Riane Eisler en…