La música patria revienta las bocinas en el Zócalo capitalino. Entre trompetas, guitarras y guitarrones, que resuenan en las joyerías que circundan la Plaza de la Constitución, y las luces pino, grana y crema que retratan fragmentos de la historia prehispánica, colonial y revolucionaria de México sobre las fachadas gubernamentales resguardadas por la pintoresca arquitectura del siglo xviii, vestigio de la Nueva España; entre los puestos ambulantes que venden banderas, rehiletes, matracas, crayones tricolores, moños vino, blusas bordadas, bigotes postizos y sombreros charros, que celebran una identidad nacional; entre las familias que lanzan pelotas, globos y planeadores de plástico al aire, trepita un eco ensordecedor, un viento helado que enchina la piel, una sombra dispuesta a quitar la máscara de alegría a la celebración que se prepara en las calles…
