Nuestros pensamientos y palabras tienen el poder de provocar permanentemente reacciones corporales, es decir, comportamientos, y por este motivo pueden conducirnos tanto hacia el éxito como al fracaso, hacia la salud o la enfermedad. Desde pequeños incorporamos formas de pensar, actitudes para enfrentar la vida que tendemos a reforzar y automatizar, al punto de olvidar nuestra responsabilidad sobre ellas.
Esta facilidad tan humana es la que nos lleva a sostener que “otros triunfan por cuestión de suerte”, que “la situación o nosotros ya somos así”, o que “simplemente no están dadas las condiciones económicas para…”.
A su vez, pensar de este modo supone ignorar las propias facultades innatas para imaginar, crear y transformar nuestra vida y entorno, así como desconocer por completo nuestra capacidad para educar y ejercitar estas habilidades.…