En multitud de ocasiones, la deriva surrealista de ciertas obras teatrales o literarias ha impedido que el tiempo conserve sus creaciones, basada en un punto de vista absurdo y disparatado. Ese movimiento que acogía el inconsciente, los sueños, el lenguaje arbitrario, las imágenes fantásticas, el sinsentido, muchas veces es ya una antigualla curiosa, una extravagancia del pasado que se ha mantenido mal a lo largo de las décadas. Pero hay excepciones, claro está, como Amanece, que no es poco, la película más recordada cuando el pasado día 4 de febrero murió José Luis Cuerda (había nacido en Albacete en 1947), y cuyo guion, firmado por él, es en sí mismo un caladero de referencias directas o indirectas de corte libresco.
Cuerda publicó en 2013, en la editorial Pepitas de Calabaza,…