Como escribió Charles Péguy, hoy vengo a “decir la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad, estúpidamente la verdad estúpida, tediosamente la verdad tediosa, tristemente la verdad triste”. En Veracruz, el Día de las Madres del año pasado, un colectivo dedicado a la búsqueda de desaparecidos recibió, como “regalo”, un mapa con cruces dibujadas. Debajo de esas tierras, conocidas como Colinas de Santa Fe, las madres, hermanas, amigas, esposas, descubrieron más de 120 fosas secretas. “Unos cuerpos todavía con piel; otros, ya esqueleto”. Oigo la voz de mujer en la computadora y no parpadeo. De tantos desaparecidos, tumbas sin nombre, a nadie impresiona el hallazgo: la verdad no llega a ser acontecimiento, sino interminable continuación de nebulosas tragedias. Para distinguirla, se le trata de “la más grande fosa…
