“Me llamó mi madre, tomó mi mano, y cuando entramos a la casa vino una luz tremenda, como si fueran mil relámpagos al mismo tiempo… Me jaló al suelo y cubrió mi cuerpo con su cuerpo”, recuerda, casi en susurros, Yasuaki Yamashita, sobreviviente de la bomba atómica lanzada por Estados Unidos el 9 de agosto sobre Nagasaki, Japón.
Cuatro días después de que Corea del Norte reactivara sus pruebas nucleares al lanzar “un misil balístico” hacia el este, 500 kilómetros adentro del mar rumbo a Japón, Yamashita alerta, preocupado: “Hay un peligro inminente de otra tragedia, pero hoy, 72 años después, la bomba atómica es mil veces más potente que aquel entonces”.
Obligación moral o liberación del dolor, Yasuaki Yamashita dice que el peligro en puerta avivado por la reactivación…
