Desde que el cristianismo fundó Occidente, la noción histórica de un tiempo final que terminará con la necesidad y sus sufrimientos no ha dejado de recorrer el imaginario humano. Desde los Evangelios que, herederos de los profetas hebreos, anunciaron el final de los tiempos (Mt. 24: 1-44), hasta Hegel y Marx, pasando por los milenarismos del primer milenio, el Occidente ha estado marcado por la idea de que los momentos de graves crisis sociales anuncian el tiempo del fin, un tiempo que, tal vez por influencia del Apocalipsis de San Juan, estará, antes de su final feliz, envuelto de cosas espantosas.
Hoy, la humanidad ha entrado en una de esas crisis terminales: cambio climático, grandes hecatombes ecológicas, epidemias y enfermedades desconocidas, guerras, matanzas, armamentos cada vez más letales y genocidas,…