Afinales de la década de 1880, la llamada «Guerra de las Corrientes» fue una batalla técnica y comercial no exenta de propaganda, superchería y sordidez, en la que un bando defendía la corriente continua y otro, la corriente alterna. En el bando de la corriente continua estaban Thomas Edison y sus patrocinadores financieros, incluyendo al poderoso banquero J. P. Morgan. Tenían más fondos y, en consecuencia, una mayor ventaja competitiva. En el otro bando estaban Nikola Tesla, una vez empleado y ahora rival de Edison, y el empresario e inventor George Westinghouse, que compensaron su desventaja económica con la certeza de que su sistema era más eficiente.
Ambos enfoques eléctricos, además, estaban compitiendo contra las empresas de gas natural, que no estaban dispuestas a ceder su dominio sobre los pingües…