GUILLERMO del Toro vive en Los Ángeles, conoce el «star-system» y sabe que por muy discreto que trate uno de vivir, Hollywood es un hervidero de rumores, amores, desamores, escándalos y sueños rotos. Por eso, fue muy consciente de que si iba acompañado a la alfombra roja de los Oscar con una mujer que no era la suya, la maquinaria del rumor se pondría, de inmediato, en marcha. Caminó del brazo de Kim Morgan, una atractiva guionista, posó para los medios junto a ella. Y en un momento determinante de su carrera, cuando agradeció el Oscar a Mejor Director, tuvo palabras de gratitud para sus hijas, Marisa y Mariana, y para «Kimy», quien resultó ser Kim Morgan. Horas después de erigirse en el flamante ganador de la noche, el jalisciense…
