En Sitges, en primera línea de mar, este ático dúplex lo tenía todo: arquitectura moderna, luz natural y el Mediterráneo entrando por los ventanales. Y, sin embargo, cuando la interiorista Jeanette Trensig lo vio por primera vez, sintió ese silencio que no es calma, sino frialdad. “Era un témpano de hielo. El reto no fue cambiar la casa, era darle calor”, añade.
Para lograrlo, Jeanette no “llenó” los espacios. “Les di amor. Mantuve el blanco como base en lacas y volúmenes integrados, y dejé que la emoción apareciera en la materia”. Tonos tierras, topo, caldera y colores neutros conviven con fibras naturales. La alfombra de yute trenzado, los estores de pajilla, los linos en crudo, piedra y marrón… “Como una capa suave que arropa sin oscurecer”, detalla la interiorista.
La…
