Cuando el calor aprieta, el agobio y el cansancio son habituales. Sin embargo, hay momentos en los que los síntomas de malestar contienen una señal de aviso. Suele suceder cuando se llevan a cabo actividades físicas al aire libre. Cuando la temperatura ambiente supera los 32º (y más aún si la humedad relativa es superior al 60%), el riesgo de sufrir estrés térmico es alto.
Qué es. Cuando nuestro cuerpo acumula mucho calor, podemos sentir un malestar difuso. Al estar sometidas a altas temperaturas, se dispara la sudoración, se acelera el pulso cardíaco y el corazón tiene que hacer un esfuerzo mayor. También sube la temperatura corporal. Además, podemos sentirnos extremadamente fatigadas, sufrir vértigo, mareos, náuseas, calambres, incluso desorientación o confusión… En invierno, por el contrario, el estrés térmico se…